lunes, 26 de diciembre de 2011

Marangoni


Un pequeño gemido de hambre en la mitad de la calle me alertó del peligro que se te venía, tan pequeño e indefenso, con el pelaje más alborotado que tus tripas, como si esperabas que la negra muerte disfrazada de automóvil te viniera a recoger y quitara finalmente tu sufrimiento; yo corrí lo más pronto que pude a quitarte del camino de la fatalidad, y protegerte entre ms brazos de un destino cruel.

No tenías más de 20 días de nacido, pero ya mostrabas que eras un luchador, en mi mano cabías entero y te aferrabas a mi pulgar con fuerza, como si quisieras establecer una conexión especial, que ya se había formado solamente con mirarte.

A escondidas te lleve a mi cuarto, busqué en el internet con qué alimentarte, “leche rebajada con agua” dijo Google, leche rebajada con agua te di cada mañana antes de irme a trabajar, y del trabajo me escapaba para alimentarte por las tardes, no existía sacrificio porque cuando se ama se hace todo con gusto. era lindo verte dormir en la caja de zapatos que te hice de cuartito o dentro de mis zapatillas crocs, tu sabías como ganarte a la gente a la primera vista.

Hiciste cosas que jamás olvidaré, como cuando creí que tenías un problema porque no encontraba ni rastro de tus desechos, y al final me di cuenta que dentro del forro de la cama habías cogido de servicio. 20 arcadas y 5 vómitos me costaron limpiar todo ese desastre. O el día que tu tío Ricky sin querer te pisó y yo pensé que te iba a perder, o cuando mi tío Carlos subió al cuarto y por primera vez en la vida te vi quedarte inmóvil y hacerte el cojudo para que no te descubran, eres el éxito Marangonito.

Tus rasguños, yo sé que eran de amor, tus rasguños los llevaba y los llevo como papá orgulloso, como ese papá que se pone un collar de fideos hecho por su hijo incluso para ir al trabajo, para mi no había momento mejor en el día que llegar y verte esperándome en la puerta, entrar conmigo y jugar, lo que no pudimos jugar en todo el día. Miento! Si había un momento mejor, y era cuando te recostabas en mi pecho para que te acaricie mientras veíamos un partido de nuestros equipos favoritos.

Nada en este mundo me ha preparado para lo que hoy he sentido, 26 de Diciembre murió un ídolo de Barcelona, Carlos Muñoz, y ese día triste lo escogió la parca para hacerlo más triste aún, pues decidió que no iba más el partido de tu vida aquí en la tierra. Nunca ví tu cuerpo, ni lo quise ver, prefiero que sea así, porque aún me queda la esperanza de que no seas tú a quien se llevó la muerte y entre como si nada por mi ventana para acostarte en mi pecho a que te acaricie la barbilla y las orejas y que te canses de eso y empieces a morderme para jugar... ahora sólo espero que se acabe el día para poder llorar en paz.

El Marangonito inmortal, el que quedará en las fotos y videos, el que era el más querido del twitter y del Facebook, el que se acostaba sobre el televisor, o sobre mi pecho, el que salvé en otra ocasión una madrugada cuando cayó en el patio del vecino y no podía salir, el dueño de los techos, el que peleaba conmigo y tenía que ponerme una sábana en la mano para seguirle el juego, el que llevé de viaje y como loro quería estar en mi hombro mientras yo manejaba, el loco que desconectaba el ventilador o corría po toda la casa, el que se acostaba panza arriba, el saltarín, el valiente… mi Marangonito… mi chiquito de mi corazón, no sé cómo me voy a reponer de tu prematura partida, pero no queda más que entender que lo que Dios dá, Dios lo quita.

Te extraño mi Marangonito, no olvides que tu papá te ama, no harás relajo en el cielo eh…

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